Costumbre

La costumbre 

Dicen que la costumbre es peligrosa, que todo en exceso hace daño.

Que si te acostumbras a la felicidad la tomarás por sentado, y que nunca se llegar a tener costumbre de estar triste.

Pero uno se acostumbra.

Uno hace la paces con el sabor salado.

Con las duchas que se vuelven eternas.

Con los ojos hinchados que te ayudan a quedarte dormida.

Con no hablar al respecto.

Uno se acostumbra a no encontrar la pequeña luz en los ojos cuando te ves en el espejo a la mañana.

Con no sentir.

Haces las paces con saber que tu cuerpo está, pero tu alma ahora solo viene de turista.

Se acostumbra a la soledad.

Y a los pequeños momentos de felicidad que siempre terminan mal.

Uno se acostumbra a alejarse, a no estar presente, para que no te extrañen, para no extrañar.

A no decepcionarte porque ya no se cree en nadie.

Y te dicen que cuando tocas fondo, solo puedes ir hacia arriba.

Pero cuando te acostumbras, es como si llegaras a una cueva subterránea.

Y de ahí, o arriesgas morir ahogado, o simplemente observas los días pasar. 

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